Una de mis obras ha sido seleccionada de nuevo para el Día Internacional de la Poesía en Segovia (III edición).
El título del poema es "Campos de Sangre".
Cuando se haga público, el texto aparecerá aquí.
¡Muchas gracias a la organización y al jurado!
http://poesiaensegovia.blogspot.com/
SUPERPODERES PARA LAS PALABRAS
Las palabras pueden llevarnos a lugares donde queremos estar. Si uno de esos lugares está aquí, quédate para leerme.
jueves, 9 de febrero de 2012
viernes, 19 de agosto de 2011
MOMENTO PERFECTO
Me rodeé de azules.
Cerré mis ojos
y encontré refugios.
Escuché el silencio
fundido entre las nubes que me abrazaban.
Luego rompieron olas
en los acantilados de lo que yo sentía.
Hubo espumas brillantes
deslizándose por mis rincones.
Hallé brillos extraños
que me dieron calor en mi miseria.
No era fácil huir.
Estaba lleno de abismos, vertiginosos, negros.
Quise azules para poder perderme.
Quise mares y cielo,
con espumas y nubes.
Quise refugios solos, donde todo acababa.
Eran azules los que me abrazaban,
entre nubes y brillos.
Entre abismos y espumas.
jueves, 21 de julio de 2011
EL HUNDIMIENTO
Anotó el último dato del sismógrafo mientras pensaba en su ex-novia. Ni el corazón ni la ciencia podían arreglar ya nada.
Vio caer el techo del laboratorio sobre él.
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Vio caer el techo del laboratorio sobre él.
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sábado, 16 de julio de 2011
LOS INQUILINOS DEL ALEPH
Clara Obligado y Camila Paz regalaron a sus alumnos la posibilidad de participar en este proyecto homenaje al gran Borges. Ha sido un placer y una manera estupenda de celebrar el fin de curso. Sólo un consejo, leed o releed el auténtico Aleph antes de acercaros a mi texto. Creo que podréis disfrutarlo mejor.
DIBUJÉ
El Aleph me esperaba con sus espacios en blanco. Para llenarlos dibujé grietas ardientes en el fondo del océano con burbujas de lava encharcada, dibujé el horizonte donde un barco cubierto de musgo trataba de encontrar el camino hacia el sur, dibujé un pescador que se había fundido con sus redes, dibujé una playa de nieve caliente y un cercado de manglares con tentáculos, dibujé a Rosalía en su quiosco vendiendo golosinas a niños invisibles, dibujé la calle que acababa en la puerta de mi antiguo colegio, dibujé las pizarras y los libros, y las aulas inundadas por agua de mar convertidas en rincones del verano en Cullera, dibujé los postigos de la casa del pueblo y los gatos que corrían entre los pies de mi abuela, dibujé la partitura de mi última clase fallida de piano, dibujé los cerezos de mis padres y los pájaros negros que robaban sus frutos sin tenernos en cuenta, dibujé caracoles encerrados en cajas de cerillas, dibujé la llave de un diario, el brillo de la locura en unos ojos familiares, dibujé la Olivetti que hacía que mis dedos infantiles acabaran sangrando, dibujé papel de calco y un cuaderno lleno de tachones, dibujé mi primera minifalda, dibujé un autobús de gusano con el número ilegible, dibujé toneladas de apuntes ardiendo la noche de San Juan, dibujé un plano de metro donde las líneas de Praga y Madrid se confundían con los tranvías de Zurich, dibujé la niebla en una estación de trenes con nombres alemanes, dibujé una puesta de sol en el desierto, cerca de Chott el Jerid, donde los bancos de sal florecen cada semana, dibujé el círculo polar, y los lagos y bosques de Finlandia, dibujé a los oscuros de Helsinki que habitan en los bares congelados, dibujé mi rincón favorito del Retiro donde se mezclan el agua y los cristales, dibujé un mapa del mundo con rutas infinitas y un disco duro vacío, dibujé mi estómago inquieto lleno de palabras, dibujé las historias vividas y el futuro expectante y lloré, porque mis dedos habían dibujado más allá de lo que se puede contar.
El Aleph me esperaba con sus espacios en blanco. Para llenarlos dibujé grietas ardientes en el fondo del océano con burbujas de lava encharcada, dibujé el horizonte donde un barco cubierto de musgo trataba de encontrar el camino hacia el sur, dibujé un pescador que se había fundido con sus redes, dibujé una playa de nieve caliente y un cercado de manglares con tentáculos, dibujé a Rosalía en su quiosco vendiendo golosinas a niños invisibles, dibujé la calle que acababa en la puerta de mi antiguo colegio, dibujé las pizarras y los libros, y las aulas inundadas por agua de mar convertidas en rincones del verano en Cullera, dibujé los postigos de la casa del pueblo y los gatos que corrían entre los pies de mi abuela, dibujé la partitura de mi última clase fallida de piano, dibujé los cerezos de mis padres y los pájaros negros que robaban sus frutos sin tenernos en cuenta, dibujé caracoles encerrados en cajas de cerillas, dibujé la llave de un diario, el brillo de la locura en unos ojos familiares, dibujé la Olivetti que hacía que mis dedos infantiles acabaran sangrando, dibujé papel de calco y un cuaderno lleno de tachones, dibujé mi primera minifalda, dibujé un autobús de gusano con el número ilegible, dibujé toneladas de apuntes ardiendo la noche de San Juan, dibujé un plano de metro donde las líneas de Praga y Madrid se confundían con los tranvías de Zurich, dibujé la niebla en una estación de trenes con nombres alemanes, dibujé una puesta de sol en el desierto, cerca de Chott el Jerid, donde los bancos de sal florecen cada semana, dibujé el círculo polar, y los lagos y bosques de Finlandia, dibujé a los oscuros de Helsinki que habitan en los bares congelados, dibujé mi rincón favorito del Retiro donde se mezclan el agua y los cristales, dibujé un mapa del mundo con rutas infinitas y un disco duro vacío, dibujé mi estómago inquieto lleno de palabras, dibujé las historias vividas y el futuro expectante y lloré, porque mis dedos habían dibujado más allá de lo que se puede contar.
sábado, 23 de abril de 2011
REGRESO
La proa rompe las olas y los golpes del agua hacen crujir la madera de mi barco. El viento salado me arranca recuerdos que van cayendo al mar y se deshacen. Una ciudad en llamas, el sabor a engaño en mi boca y mis manos calientes por la sangre de otros. El gigante de un solo ojo, el canto de las sirenas, los embrujos de Circe, las tormentas, los naufragios… y mis hombres, uno tras otro, muertos. Todo se desvanece ahora mientras navego a Ítaca.
EL VOTO
Habíamos olvidado cómo se hacían esas cosas. Las urnas eran cajas de cartón abiertas y las listas no se comprobaban demasiado. No había sobres y el fino papel, aún doblado, dejaba ver lo que yo había elegido. Llevé mi mano hacia la caja y el encargado de la mesa agarró mi muñeca con fuerza mirándome desafiante. Abrí los dedos para dejar caer la papeleta sobre las otras. Me fui preguntándome cuánto tiempo permanecería en la caja.
PIOJOSO
No era una fantasma quién surgió entre la niebla. Martin, huesudo y con la ropa desgastada se rascaba la cabeza mientras los tenderos empezaban a dar vida al mercado de abastos. El olor del pescado dudosamente fresco inundaba la madrugada de Londres. Una vez había elegido el mercado de flores para rellenar su lista pero las chicas allí eran demasiado limpias. Hoy se fijó en el quinto tenderete de la segunda fila... unos 12 años, trenza morena y despeinada sobre la espalda, falda demasiado larga cuyo bajo se ensuciaba con cada movimiento. Le faltaban un par de dientes inferiores. Martin desplegó el viejo folio de papel Whatman y agarró con sus dedos llenos de barro la minúscula pieza de grafito. Al final de la columna izquierda encabezada como “nombre inventado” escribió “Dark Pigtail” y en la columna derecha donde decía “futura víctima” puso el número de orden “23”. <<Empezaré pronto>>, pensó.
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